Posteado por: kalicom | 3 octubre 2010

Historia de las gallinas (1)

Las gallinas y los gallos que conocemos actualmente reciben el nombre científico de “Gallus domésticus” y, según los genetistas, arqueólogos y agrónomos, tienen su origen remoto en una zona geográfica comprendida entre el Sudeste Asiático, India Oriental y las estribaciones de la cordillera del Himalaya, donde en la actualidad todavía se los puede encontrar en estado salvaje.

Salvo algunas especies raras como el urogallo o la gallina de Guinea, todas las que conocemos y aprovechamos para nuestra alimentación proceden de aquella especie primitiva.

Los expertos estiman que las primeras gallinas llegaron a Europa hace unos 4000 años, aunque no se sabe con exactitud si lo hicieron acompañando las grandes migraciones de los pueblos indoeuropeos o a través de Mesopotamia. Esta segunda hipótesis se basa en el conocimiento que tenemos de que los sumerios ya las utilizaban hacia el 2500 a.C.; y allí debieron llegar como consecuencia de las estrechas relaciones que existían entre las civilizaciones del Indo y las del Tigres y el Eúfrates.

No obstante, los primeros auténticos avicultores fueron los egipcios. Existe una documentación precisa sobre la existencia de gallinas en el país del Nilo hacia el 1500 a.C. De hecho, el faraón Tutmosis III recibía gallinas como tributo de un pueblo asiático.

En esa época eran conocidas también por la civilización cretense, aunque habría que esperar hasta finales de la época romana para que se introdujeran en la dieta del pueblo llano.

Desde luego los primeros que se dedicaron a su cría de forma masiva fueron los egipcios, y de ellos pasó esta actividad al mundo grecolatino.

En España los vestigios más antiguos se remontan al siglo VII a.C. y se encuentran en las colonias fenicias que había en la actual costa de Málaga. En aquella época ya se consumían muchos huevos, que constituían uno de los ingredientes fundamentales de la “puls púnica”, un plato netamente fenicio y cartaginés compuesto por harina, miel, queso fresco, huevo y agua.

El éxito de la gallina y el gallo estribaron en el hecho de que era una especie muy dócil por su escasa capacidad para volar, lo que la hacía muy dependiente de los humanos, que a cambio la mantenían a salvo de depredadores. Curiosa esta asociación consistente en ser defendido para luego ser comido, pero lo cierto es que funcionó hasta tal punto que la gallina fue un animal emblemático para los celtas, y pronto tuvo un profundo significado espiritual, convirtiéndose en animal de ofrenda y adivinación.

(continuará)

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