Posteado por: kalicom | 30 diciembre 2009

¿Cuando comemos huevos de gallinas estresadas, comemos estrés?

Al abrir este blog, lo hicimos con la intención de poner sobre la mesa social un problema tan cierto como grave: buena parte de las gallinas que se crían o se explotan hoy en el mundo son maltratadas por la industria avícola.

Como en España la forma de cría queda reflejada por imperativo legal en la cáscara de los huevos mediante un código alfanumérico, los ciudadanos, los consumidores, estamos hoy en disposición de discernir cuándo un huevo ha sido puesto por una gallina que vive hacinada de forma indigna y enferma de estrés, y cuándo por una gallina que vive plácidamente, con espacio para moverse y disfrutando de algo tan natural, tan elemental, como el ciclo de los días y las noches.

Meditando sobre la triste vida de los millones de gallinas ponedoras que son sometidas al régimen de producción industrial, intuíamos que todo ese sufrimiento y las alteraciones fisiológicas que implica, tenían que transmitirse al propio huevo, pero carecíamos de la necesaria base científica para poder afirmarlo.

Cayó entonces en nuestras manos un libro titulado “Plántale cara al estrés y acaba con él” obra del endocrinólogo argentino Horacio Verini, cuya lectura, además de resultar muy amena, nos puso en la pista de posibles respuestas a nuestras dudas.

Pero como no queremos especular y preferimos contar con la opinión autorizada del propio doctor Verini, nos hemos puesto en contacto con él en Buenos Aires, planteándole esta inquietante pregunta: “¿Cuando comemos huevos de gallinas estresadas, comemos estrés?”

Ni que decir tiene que su opinión es de un indudable valor ya que el Dr. Verini además de ser un especialista en el campo de la nutrición, en el que ha realizado una amplia labor docente, es un profesional de reconocido prestigio internacional en el estudio y tratamiento del estrés y experto en psiconeuroinmunoendocrinologia del estrés.

El Profesor Verini ratifica nuestras sospechas: “No es difícil pensar que las condiciones ambientales que tienen los sistemas de producción avícola intensiva generan estrés en las aves de corral.

Éstas viven hacinadas, con dificultades para la movilidad y sujetas a alteración de los ritmos de luz día/noche, ya que están iluminadas continuamente para incrementar su producción de huevos. Hasta se llega al extremo de arrancar sus picos para que no se lesionen.

Varios trabajos de investigación veterinaria lo han demostrado con mediciones químicas del estrés. Cuando éste se produce, se activan además del sistema endocrino -en especial su parte adrenal-, los sistemas nervioso autónomo e inmunitario.

Dichas modificaciones generan un aumento del glucagon, hormona pancreática que incrementa la glucosa en sangre a partir de las proteínas de los músculos.

Cuando el animal está estresado, los recursos biológicos se desvían para cubrir los requerimientos de órganos como el sistema nervioso central y los músculos esqueléticos. El glucocorticoide segregado por la glándula adrenal llamado corticosterona, tiene además un efecto inmunodepresor; eso implica, por ejemplo, una disminución del efecto de las vacunas que se administran a las gallinas, con lo cual se pueden presentar enfermedades como las de tipo vírico. Por otro lado, la corticosterona promueve una importante disminución de la masa corporal por pérdida de proteínas, que se transforman en glucosa por la acción del gucagon.

Estos factores bioquímicos, tienen también efecto en el ámbito conductual de los animales, dándose la aparición de crisis de pánico (la llamada histeria aviar), así como un estado permanente de alerta extrema, depresión, apatía, hipersensibilidad y conductas agresivas que llegan hasta el canibalismo. Todo ello nos permite afirmar que estos animales son víctimas de un extraordinario sufrimiento.

Sabido esto y centrándonos en su pregunta, es necesario precisar que lo que comemos como huevo, no es más que el óvulo de una gallina que ha comenzado a formarse en el ovario y el infundíbulo, para seguir luego un recorrido que termina con su calcificación y puesta.

Si pensamos que estos órganos para funcionar requieren una importante irrigación sanguínea, y que la sangre está sufriendo una serie de alteraciones causadas por el estrés, como es el caso de las variaciones en la composición de los glóbulos blancos y las variaciones en el contenido de hormonas que he referido antes, es fácil deducir que la producción y la calidad de estos productos, los huevos, se ve afectada por el modo de cría de las gallinas.

De igual manera, creo que estas mismas consideraciones son aplicables a la cría de gallinas para carne.

Como conclusión final diré que si puedo elegir, comeré huevos de gallinas que vivan sueltas en el campo, con una alimentación natural como el maíz y alejadas del estrés, porque creo que con el mío ya tengo suficiente.

Como vemos, las palabras del Dr. Verini no hacen sino confirmar lo que sospechábamos: una gallina estresada es una gallina enferma y los huevos que pone están igualmente macados por el estrés.

Cuando compres huevos, rechaza aquellos cuyo código empiece por los números “3” o “2”. Por unos pocos céntimos más, consume sólo huevos camperos y huevos ecológicos, los huevos de las gallinas que no sufren.

¡Únete al movimiento Gallina Feliz!

Anuncios

Responses

  1. psiconeuroinmunoendocrinologia

    ¡¡¡ Manda huevos !!!

    • *Asin es, ya le digo!*

  2. ME GUSTARÍA QUE CITEN LOS ARTÍCULOS CIENTÍFICOS QUE LO SUSTENTAN.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: