Posteado por: kalicom | 2 febrero 2010

Avicultura: el terrible costo de la productividad

Al tratar de establecer el origen de toda la crueldad que impera en la avicultura industrializada, nos hemos tropezado con esta frase esclarecedora de la revista inglesa para granjeros y criadores ‘Farmer and Stockbreeder’: “La gallina ponedora moderna sólo es, después de todo, una máquina de conversión muy eficiente, que transforma la materia prima -sustancias alimenticias- en un producto acabado -el huevo-, descontando, por supuesto, los gastos de manutención”.

Esa visión maquinista de las gallinas es la que tiene la mayor parte del sector. Valga como ejemplo el siguiente comentario del empresario avícola Fred C. Haley que parece querer justificar el trato salvaje que se les dispensa en las explotaciones: “La gallina es sólo una máquina productora de huevos. El objetivo de la producción de huevos es hacer dinero. Cuando lo olvidamos, hemos olvidado para qué estamos aquí”.

Las gallinas sufren, hacinadas y estresadas, por una simple cuestión de productividad. Una planta de producción de huevos tiene que hacer frente a los costes derivados del edificio, del equipo mecanizado de alimentación, del combustible que emplea para calentar y para ventilar el local, de los alimentos que da a las gallinas, de las vacunas y otras atenciones veterinarias, de las labores de limpieza, de los sueldos y cargas sociales de los empleados.

La única forma que parecen conocer de hacer frente a estas cargas es lograr más y más huevos por gallina, es decir, la mayor productividad posible. ¿Y eso cómo se consigue? Muy simple: con más gallinas por metro cuadrado. Eso lo saben muy bien los criadores, que ya hace años que inventaron la cría en baterías, es decir, en minúsculas jaulas que permiten optimizar el espacio.

Para ellos fue todo un avance percatarse poco después de que podían llenar cada jaula con varias gallinas en vez de meter sólo una… ¡Más productividad!… De igual manera dotaron a las naves de una luz tenue y permanente que lleva a las ponedoras a producir durante las veinticuatro horas del día, rompiendo así su ciclo natural… ¡Más productividad!

Hoy las granjas avícolas se han convertido en una “masa” de gallinas enjauladas, histéricas, enfermas, exhaustas, doloridas y estresadas. Ya no importa cuántos huevos pone cada gallina, sino cuántos produce la nave. Ahora todo se reduce a calentar, alimentar, dar de beber y recoger los huevos con equipos automatizados que reducen la mano de obra. Hay grandes explotaciones que se vanaglorian de una automatización tal que permite a un solo empleado ocuparse de sesenta mil animales.

El resultado final de esta voracidad productora es que en un espacio en el que una gallina ni siquiera podría estirar sus alas en realidad tenemos cuatro o cinco ejemplares. Para que nos hagamos una idea más clara, es como si en una superficie equivalente a una hoja DIN A4 ponemos a dos hermosas gallinas ponedoras. Sí, el resultado es que prácticamente quedan una sobre otra. Esa es la realidad de las explotaciones avícolas industriales.

¿Sabéis lo que supone eso para un animal cuyo instinto natural es corretear incansablemente, escarbar la tierra, revolcarse en el polvo para acondicionar sus plumas, estirar las alas y, por supuesto, construir nidos para poner en ellos su huevos? Los biólogos saben que para una gallina es una tortura carecer de un nido propio en el que depositar sus huevos. Para una gallina es frustrante y desagradable tener que poner sus huevos en medio de las otras compañeras de encierro, sin la menor intimidad.

El resultado final de toda esa tortura es una histeria colectiva que los criadores califican como “vicios”, que conduce a las gallinas a desplumarse y a atacarse unas a otras. ¿Solución industrial?: ¡Cortarles el pico! Una mutilación que, contrariamente a lo que aseguran los empresarios, no es precisamente indolora.

Para el corte del pico se emplea una cuchilla que, si está muy caliente, deja ampollas en la boca de los animales, y si está fría o mal afilada, conduce a la aparición de un bulbo carnoso permanente en el extremo de la mandíbula que tiene una dolorosa sensibilidad. Los zoólogos han establecido que entre la sustancia cornea del pico y el hueso hay una fina capa de tejido blando extremadamente sensible, parecida a la “carne viva” de la uña humana. Por lo tanto, cuando el cuchillo caliente atraviesa esa membrana la pobre gallina siente un dolor terrible.

Y, finalmente, ¿qué hemos conseguido con esta tortura del corte del pico? Desde luego no reducir el estrés, ni la agresividad, ni la tristeza de las gallinas. Lo único que hemos logrado es que no se maten unas a otras… ¡Y sigan poniendo huevos!

Todo lo que acabamos de contar no le pasa a unas pobres gallinas que han caído en las garras de un empresario desalmado en un país del tercer mundo. Esto está pasando cada día en todos los países “civilizados”. En realidad es la vida del 94% de las gallinas ponedoras de este planeta.

¡Compra sólo huevos camperos y ecológicos!

¡No mantengas a los torturadores!

¡Únete al movimiento Gallina Feliz!

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Responses

  1. Muy buen articulo… Vivo en la ciudad de Bs.As. y desde hace mas de 25 años mantengo un gallinero en los fondos de mi casa, por los motivps que Uds. exponen en el articulo mencionado. Con una dotacion de 6 o 7 siete gallinas se puede proveer de huevos a una familia y hasta para regalar a los amigos, según la epoca del año… Saludos y sigan con este propósito.

    • Querido amigo Norberto, muchas gracias por tu comentario. Eres un ejemplo para todos los que amamos a los animales.

      Has dado un paso que la mayoría de nosotros ni nos planteamos porque estamos acostumbrados a coger los huevos de una estantería no de un corral, pero nos anima a seguir con esta lucha contra la explotación industrial de las pobres gallinas.
      Si nos envías alguna foto y un comentario más amplio sobre el tiempo que llevas haciendo esto y cómo lo haces, lo publicaremos en primera plana.
      Anímate y mándalo al correo: kbarrons@gmail.com

      Un fuerte abrazo.

      Esperamos tus noticias.

  2. yo vivo en norte de Santa Fe, en San Javier, tengo 260 ponedoras consociadas con el monte.
    hace dos años comencé la experiencia cerrando perimetralmente 900 metros cuadrados de monte y ahí viven totalmente a campo y tienen una excelente postura

  3. Hola Eduardo,

    Es magnífico que contactes con ‘Gallinafeliz’.

    Tenemos curiosidad por saber cuántos huevos ponen esas gallinas tuyas que viven en absoluta libertad y qué diferencias ves en su calidad.

    ¿Cómo se comportan los animales libres y cómo es su salud?

    Por cierto, ¿de qué raza son?

    ¡Puedes mandarnos algunas fotos y contarnos alguna anécdota? LO PUBLICAREMOS!!!!

    Un fuerte abrazo desde Madrid.

    Kalicom.


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