Posteado por: kalicom | 23 febrero 2010

Las personas tenemos un 60% de gallinas

Red jungle fowl, la gallina primigenia

Hace ya casi ocho años que se decodificó la secuencia del genoma de la gallina, que por cierto fue el primero que se completó de un ave de granja. La investigación, que fue desarrollada por científicos de una docena de países          -entre ellos España- puso de manifiesto que los seres humanos somos mucho más parecidos a la aves de lo que creíamos; de hecho, el 60% de los genes que codifican proteínas en la gallina tienen su equivalente en el hombre.

Esta es la razón por la que la gallina es un importante modelo de investigación biomédica y resulta ideal para investigar el desarrollo embrionario; tanto es así que mucho de lo que sabemos del desarrollo de nuestras extremidades se lo debemos al estudio del crecimiento de los pollitos dentro del huevo.

Por otra parte, como las gallinas y los mamíferos tienen respuestas inmunitarias muy parecidas, el conocimiento del genoma de la gallina es un elemento de referencia muy útil en el estudio de las enfermedades que saltan entre especies, como es el caso de la gripe aviar.

Este estudio del genoma se realizó con un ejemplar “red jungle fowl” (Gallus gallus), que es una especie salvaje asiática de la que al parecer derivan todas las variantes de gallinas domésticas que existen.

El último ancestro común entre el hombre y la gallina vivió hace unos 310 millones de años. Desde entonces las dos especies tomaron caminos evolutivos diferentes.

Las aves, de las que se conocen unas 9.800 especies diferentes, descienden de los dinosaurios, que se extinguieron hace unos 65 millones de años. La domesticación de la gallina por el hombre se inició hace sólo 10.000 años.

El genoma de la gallina es más sencillo que el del hombre ya que tienen unos 1.000 millones de “letras” químicas –un tercio de las que tiene el ser humano- que se reparten en 39 pares de cromosomas. Nuestras queridas gallinas tienen entre 20 y 23 mil genes, que están siendo estudiados y que han dado algunas sorpresas como el hecho de que se hayan localizado un buen número de receptores olfativos en su ADN. Esto tira por tierra la vieja idea de que la gallina no tiene olfato. Es cierto que no se puede comparar con el de un perro o un ratón, pero se sitúa a la altura del que tenemos las personas. Sin embargo parece que de sentido del gusto no andan muy sobradas, lo cual es de agradecer cuando uno tiene que alimentarse de lombrices, insectos y grano.

La de la foto es una gallina “red jungle fowl”, originaria de todas las especies actuales.

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