Posteado por: kalicom | 3 septiembre 2010

Cuando las gallinas damos miedo

Los hombres siempre han tenido miedos. Miedos esenciales, miedos inducidos, miedos a las cosas que no comprenden… miedos incomprensibles y absurdos pero igualmente reales, como es el caso de las fobias.

Una de ellas, la llamada Alektorofobia, es un miedo injustificado, anormal y persistente a las gallinas y otras aves de corral.
Normalmente sólo atañe a las gallinas y pollos vivos, pero en ocasiones también la generan los huevos e incluso los pollos que ya han sido cocinados.

La verdad es que las personas que padecen de Alektorofobia creen que nosotros, los pollos y las gallinas, somos seres malignos, que conspiramos contra los hombres, los vigilamos con nuestros ojos saltones de mirada fija, y finalmente los atacamos. Estas personas ni se plantean volverse contra nosotros porque temen las represalias que los demás pollos y gallinas pudieran tomar.
Es una pena que existan estas cosas, porque nosotros jamás hacemos daño a las personas.

Una medida simple que se puede tomar para ayudar a un familiar o amigo que padezca esta fobia es coger un huevo duro y, cuando esté durmiendo, esconderlo en algún sitio de la casa, cerca de la cama si es posible. Cuando hayan pasado unos días se lo enseñaremos y le explicaremos que ha estado allí, cerca de él, todo el tiempo, y que nada malo le ha pasado.

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