Posteado por: kalicom | 17 agosto 2010

Los huevos en la magia

La magia, desde la que practicaban los hechiceros en las cavernas a la que se evoca hoy en cada pueblo, en cada ciudad, en cada cultura, es pura energía enfocada hacia un fin concreto. Por lo tanto, la magia es fruto del deseo, se activa con la intención y se culmina con la voluntad.

Se supone que la energía que hace posible los actos mágicos está dentro de nosotros mismos, pero el hombre descubrió hace muchos años que determinados objetos de su entorno le ayudan a enfocar esa energía, a hacerla brotar sin distracciones, con mayor y mejor concentración y, en consecuencia, de forma más efectiva.

Dan igual las creencias, la cultura, el clima, el folklore, la fauna o la flora que nos rodeen, la esencia de la magia es siempre la misma.

El huevo ha sido desde muy antiguo, quizá por su simbolismo germinal y primordial, un aliado fiel de los magos, chamanes, hechiceros y sanadores. Básicamente es considerado un elemento de limpieza del aura, siempre tan dañada por las envidias, los odios y los malos deseos.

Para practicar la limpieza del aura ha de conseguirse un huevo blanco y lo más fresco posible, en cuya cáscara escribiremos con un rotulador negro de punta fina o con un lápiz negro: “Que al paso por mi cuerpo de este huevo sean limpiados mi cuerpo físico, mi cuerpo astral y mi cuerpo mental. Que mi aura recupere su salud. Que mi espíritu se libere de suciedad. Que el interior de este huevo recoja todo el mal”.

Seguidamente se pasará el huevo sobre el cuerpo, desde los pies a la cabeza en sucesivos recorridos, arriba y abajo, hasta haber cubierto toda su superficie por delante, por detrás y por los lados.

Una vez completada la operación se mete el huevo en una bolsa de plástico grueso y se estrella contra la pared con un solo golpe. Es importante que la bolsa resista sin romperse ya que si el huevo se sale será peor el remedio que la enfermedad. Una alternativa es hacer esta limpieza en el campo y estrellar el huevo contra el suelo, ya que la tierra se encargará de absorber todas las malas energías que contenga.

De acuerdo con algunas tradiciones mágicas, la clara del huevo es un elemento poderoso para atraer a nuestros guías espirituales, de manera que nos ayuden a encontrar solución a problemas que se nos resistan: escribe en un papelito tu duda y ponlo en un plato pequeño o un cuenco. Échale encima una clara de huevo tal cual sale de la cáscara y sin que tenga restos de yema. Déjalo junto a tu cama y vete a dormir. Cuando te levantes al día siguiente observa qué aspecto tiene y trata de escuchar la respuesta, porque de alguna manera te será dada.

La cáscara del huevo también es de utilidad mágica: déjala secar bien y, con el molinillo del café, redúcela a polvo y guárdalo en un tarro de cristal. Una vez por semana vierte un poco de ese polvo en el agua de fregar y añade unas gotas de colonia. Te ayudará a limpiar tu casa de tensiones, de problemas, de envidias y todo lo negativo en general.

NOTA DEL AUTOR: con este post me limito a reflejar tradiciones y creencias comunes durante cientos de años, lo que no supone que las crea o comparta. No obstante, su interés cultural me parece indudable.

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Posteado por: kalicom | 16 agosto 2010

Las granjas industriales

Bajo este título, la asociación Anima Naturalis ha publicado en su página de Internet el artículo que reproduzco a continuación y que me parece innecesario apostillar porque ratifica muchas cosas que ya se han dicho en este blog.

Las granjas industriales

La vida en la bucólica imagen de la granja hace mucho que dejó de ser tan hermosa. Las escenas de pastizales verdes y parques idí­licos representadas en los libros para niños están siendo rápidamente reemplazadas por establos de metal sin ventanas, jaulas de alambre, “establos de hierro”, y otros sistemas integrales de encierro, lo que hoy se conoce como “granjas industriales”.

Privación y enfermedad

Visto de manera sencilla, el sistema de granja industrial de agricultura moderna apunta a producir la mayor cantidad de carne, leche y huevos, de la forma más rápida y barata posible, y en la menor cantidad de espacio posible. Las vacas, terneros, cerdos, gallinas, pavos, patos, gansos, conejos y otros animales son puestos en pequeñas jaulas o compartimentos muchas veces sin posibilidad de darse vuelta. Se los priva del ejercicio para que todas las energí­as del cuerpo conduzcan a producir carne, huevos o leche para el consumo humano. Se los alimenta con hormonas de crecimiento para engordarlos más rápidamente y se los altera genéticamente para que crezcan más grandes o para que produzcan más leche o huevos que lo que la naturaleza originalmente propone.

Dado que el amontonamiento es una de los principales causantes de enfermedades, los animales en las granjas industriales son alimentados y rociados con grandes cantidades de pesticidas y antibióticos que permanecen en sus cuerpos y que se transmiten a la gente que luego se alimenta de ellos, lo que causa serios peligros en la salud de los seres humanos.

Las gallinas se dividen en dos grupos: las gallinas ponedoras y pollos de engorde. Se coloca de cinco a seis gallinas ponedoras en una jaula de tela metálica de 14 pulgadas y las jaulas son a menudo apiladas en varios niveles. Cintas transportadoras llevan la comida y el agua, y además retiran los huevos y el excremento. Dado que las gallinas se encuentran en un lugar superpoblado, se las mantiene casi en la oscuridad y se les corta el pico con cuchillas candentes (sin anestesia) para evitar que se picoteen entre ellas hasta morir. La tela metálica de las jaulas las despluma, les irrita la piel y las deja lisiadas.

Aproximadamente el 20 por ciento de las gallinas criadas bajo esas condiciones muere a causa del estrés o enfermedades. (1) Cuando tienen entre uno y dos años de edad, sus cuerpos exhaustos disminuyen la producción de huevos y se las sacrifica (las gallinas podrí­an vivir normalmente entre 15 y 20 años). (2) Noventa por ciento de todos los huevos vendidos comercialmente provienen de gallinas criadas en granjas industriales. (3)

Cada año se crí­an más de seis mil millones de “pollos de engorde” en establos.(4) Se manipula la iluminación para mantener a las aves comiendo la mayor cantidad de tiempo posible y luego de apenas nueve semanas se las sacrifica. A pesar del gran uso de pesticidas y antibióticos, el 60 por ciento de las gallinas que se venden en el supermercado están infectadas con la bacteria de salmonela viva. (5)

La selección genética para cubrir la demanda y reducir costos de producción causa dolores extremos en las extremidades y problemas óseos, haciendo que cada movimiento sea dificultoso. Una investigación encubierta realizada por PETA en 1994 dentro de la industria de los “pollos de engorde” también reveló que las aves sufren de deshidratación, enfermedades respiratorias, infecciones bacteriales, ataques cardí­acos, piernas lisiadas y otras serias dolencias.

El ganado criado para carne nace generalmente en un estado, se lo engorda en otro y se lo sacrifica en otro. Se lo alimenta con una dieta antinatural de granos pesados y otros “rellenos” (incluyendo aserrí­n) hasta que alcanzan las 1.000 libras. Se los castra, se les quita los cuernos y se los marca sin anestesia. Cuando los transportan los amontonan dentro de camiones de metal donde tienen miedo, sufren lesiones, soportan temperaturas extremas y padecen la falta de comida, agua y ayuda veterinaria.

Los animales que más sufren el cruel encierro y las privaciones en las granjas industriales son los novillos, crí­a macho de las vacas lecheras, criados para el consumo de carne de ternero. Luego de que se los separa de sus madres tan sólo algunos dí­as luego de su nacimiento, se los encadena en establos de sólo 22 pulgadas de ancho con pisos de listones que les causa severos dolores en las patas y en las articulaciones. Dado que la leche de su madre es utilizada para el consumo humano, se los alimenta con un sustituto de la leche que contiene hormonas, pero carece de hierro. Esto les produce una anemia que mantiene su carne tierna y de un color pálido pero los deja muy débiles. Cuando se los sacrifica con tan sólo 16 semanas de vida, por lo general ya están muy enfermos o lisiados para caminar. Uno de cada 10 terneros muere en reclusión. (6)

El 90 por ciento de todos los cerdos son recluidos en algún momento de sus vidas, y el 70 por ciento son mantenidos en reclusión permanentemente. (7). A las cerdas se las mantiene preñadas o amamantando continuamente, y se las mete dentro de estrechos establos de hierro, sin que puedan darse vuelta. Si bien los cerdos son animales tranquilos y sociales por naturaleza, recurren al canibalismo y muerden las colas de los otros cerdos cuando los meten en corrales repletos, además desarrollan conductas neuróticas cuando los aí­slan y encierran. Los productores de cerdos pierden 187 millones de dólares por año debido a la disenterí­a, cólera, triquinosis y otras enfermedades promovidas por las granjas industriales. (8) Aproximadamente el 30 por ciento de todos los productos que derivan del cerdo están contaminados con toxoplasmosis. (9)

Leyes y estilos de vida

La granja industrial es un método extremadamente cruel para criar animales, pero su rentabilidad la hace popular. Una manera de detener el abuso de las granjas industriales es apoyar aquellas leyes que prohí­ban las jaulas en baterí­a, jaulas de terneros y los sistemas intensivos de encierro. Pero la mejor manera de salvar a los animales de la miseria de las granjas industriales, es dejar de comprar y comer carne, leche y huevos. El vegetarianismo y el veganismo (dieta estrictamente vegetariana) significan comer por la vida: la suya y la de ellos.

Referencias

1. “Factory Farming”, United Animal Defenders, Inc. página 3
2. Mason, Jim and Peter Singer, Animal Factories, página 5.
3. Poultry Digest, July 1978, página 363.
4. Animal Factories, op.cit., páginas 6-8.
5. Burros, Marian, “Clinton Plan Would Move Meat and Poultry Inspections to F.D.A.”, The New York Times, septiembre 13, 1993.
6. “Factory Farming”, página 2. 
7. Animal Factories, op.cit., página 8.
8. Ibid, página 76. 
9. Dubey, J.P., “Toxoplasmosis”, Journal of the American Veterinary Medical Association, Vol. 189, No. 2, 1986, página 168.

Posteado por: kalicom | 7 agosto 2010

Conociendo a “don huevo”

 

Casi todo el mundo ha comido huevos de gallina alguna vez en su vida, y hay mucha gente de todo el mundo que lo hacen con frecuencia, porque el huevo permite una gran variedad de preparaciones: salsas, pasta, flan, tortillas, revueltos, galletas, cremas, rellenos, helados, sopas, tortas, pudines…

Sea blanco o marrón, el huevo es muy digestivo y tienen unas proteínas altamente nutritivas, además de colaborar a la salud de la visión con su luteína y su zeaxantina. Es también una fuente de colina, sustancia de gran importancia para el desarrollo del cerebro.

Su tamaño varía con la especie de gallina y su alimentación. Desde el punto de vista comercial, los que tienen más de 68 gramos son considerados de tamaño “Especial”, los de tamaño “Extra” tienen entre 61 y 67 gramos, los clasificados como “Grande”, entre 54 y 60. Se califica como “Mediano” al huevo que pesa entre 47 y 53 gramos, y “Chico” al que da en la báscula entre 40 y 46.

En una dieta equilibrada, que debe comprender hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, el huevo es un elemento muy interesante porque sólo aporta 70 calorías (lo mismo que una pieza de fruta), y proporciona una excelente concentración de proteínas y una gran variedad de vitaminas y minerales.

La clara sólo tiene 17 calorías y la yema, que no pasa de las 59, si bien contiene grasas, éstas suponen un total de 4 a 4,5 g por unidad, de las cuales 1,5 g son grasa saturada y el resto insaturada (en especial monoinsaturadas, que son beneficiosas para el organismo).

En lo que se refiere al aporte vitamínico y mineral, del huevo obtenemos vitaminas A, E, D, Ácido Fólico, B12, B6, B2, B1, hierro, fósforo y zinc. Todas las vitaminas A, E y D se encuentran en la yema. De hecho, la yema del huevo es uno de los pocos alimentos que contienen vitamina D en forma natural.

Superada ya la vieja leyenda de que el huevo es malo para el colestrol, la Asociación Cardiaca Americana estableció en el año 2000 que una persona sana puede consumir hasta un huevo diario ya que la mayoría de sus grasas son insaturadas y no saturadas, que son las responsables del incremento del colesterol en sangre.

De hecho, países como Japón, España y Francia (que son los mayores consumidores de huevos) tienen los menores índices de mortalidad cardiovascular entre los países industrializados.

La cáscara del huevo no debería lavarse porque contiene una película de protección que se pierde con el lavado y lo hace más vulnerable a la entrada de bacterias o virus, ya que la cáscara no es impermeable y contienen entre 7000 y 17000 poros. De hecho, cuando las industrias lavan los huevos, los recubren posteriormente con una capa protectora. Por todo ello, nunca se deben comprar huevos que tengan la cáscara rota o sucia.

Posteado por: kalicom | 26 julio 2010

El pollito adoptado

No son pocas las veces que pienso que los animales tienen, de forma natural, algo que la personas sólo podemos conseguir con gran esfuerzo. Ni siquiera necesitan aprender a hablar, porque su idioma es el puro y simple amor.

Aquí tenéis a dos perritas que han adoptado a un pollito. Sobran los comentarios.

Posteado por: kalicom | 14 julio 2010

Robar con huevos

Los malos nunca dejan de inventar. Ahora se está dando una nueva forma de robar a conductores en la carretera: tú vas condiciendo tranquilamente y, de pronto, un huevo se estrella en el parabrisas. ¿Una gamberrada? Pues posiblemente algo peor.

Cuando ves toda esa plasta viscosa sobre el cristal, tu reacción natural es poner en marcha el limpia. Pero resulta que la combinación del líquido lava parabrisas y el huevo forma una masa lechosa que deja el cristal aún peor, así que te terminas parando en el arcén para no terminar dándote una piña. Y eso es justo lo que buscan los cacos, que se acercarán, te intimidarán y te robarán.

La solución es que, a pesar del huevo estrellado, sigas conduciendo sin usar el limpia y, cuando te hayas alejado lo suficiente o estés en un sitio seguro, te bajas y haces la limpieza en condiciones y sin riesgo.

¡Pásalo!

Posteado por: kalicom | 11 julio 2010

Benito elige a España

El pollito Benito, nuestro adivino gallináceo, ya se ha decidido. Ha puesto el huevo sobre la bandera de España. Ahora ya sólo falta que tenga razón.

Posteado por: kalicom | 10 julio 2010

Benito el adivino

Los alemanes tiene al pulpo Paul, pero nosotros tenemos al pollito Benito que, por cierto, sigue sin tener muy claro dónde poner el huevo.

Posteado por: kalicom | 2 julio 2010

Verrugas en la cresta

Katiuska Castro nos hace la siguiente pregunta:

“Tengo dos pollos  que estoy criando en mi patio pero he notado que en la cresta les han salido como unas verrugas y me preocupa, no las había visto nunca”

¿Algún lector podría contestarle a nuestra amiga?

Posteado por: kalicom | 2 julio 2010

¡Póngame cuarto y mitad!

De toda la vida, en el castellano la palabra huevo, además de con su acepción natural, ha sido utilizada como comodín de conversaciones que nada tienen que ver con los óvulos de gallina.

Así por ejemplo, en el lenguaje coloquial se dice que lo que es muy caro “vale un huevo” o que algo realizado con valentía se ha hecho “con un par de huevos”, incluso que algo que te han facilitado “te lo han puesto a huevo”…

Pero, ¿quién ha escuchado alguna vez la expresión “ponme un kilo y medio de huevos”? Pues nadie, porque la tradición ha querido que cada huevo tenga entidad propia al ser su peso algo difícil de concretar, ya que varía con la raza de gallina que lo ponga o con su régimen de alimentación.

Más aún, lo habitual es que los huevos se vendan por múltiplos de seis: una docena o media docena. Pero esto parece que está a punto de cambiar porque un proyecto de ley que tiene ya en curso el Parlamento Europeo pretende modificar la forma de vender ciertos alimentos (entre ellos los huevos), que serían comercializados por un sistema basado en el peso y no en las unidades.

Me supongo que eso hará cambiar todo el procedimiento de marcaje y que cada envase tendrá un peso específico, acorde con el de los huevos que contiene.

Desde luego la industria avícola no debe estar dando saltos de alegría porque el nuevo sistema de envasado obligaría a operaciones ahora innecesarias para garantizar que el peso indicado en la etiqueta es exacto.

Todo ello generará un incremento de los gastos de los productores que, sin lugar a duda, éstos repercutirán en el precio de venta con lo que, una vez más, seremos los consumidores los que suframos las consecuencias.

Lo mismo hasta tenemos que cambiar la expresión “esto vale un huevo” por “esto vale 55 gramos de huevo”.

¡Y, qué queréis que os diga… no suena igual!

Posteado por: kalicom | 25 junio 2010

Razas de gallinas españolas: Murciana

Como tantas otras autóctonas de nuestro país, la Murciana es una raza que han puesto en peligro de extinción la práctica desaparición de la avicultura tradicional y la hibridación. Su cría se restringe a la región de Murcia y en especial a la localidad de Lorca. Por fortuna, hay ganaderos murcianos decididos a preservarla, que han creado incluso una asociación para evitar su desaparición.

Entre las peculiaridades de las murcianas está la de ser unas gallinas muy escandalosas, que organizan un tremendo alboroto cuando escuchan algún ruido extraño, lo que las convierte en buenas cuidadoras de la casa.

Es una gallina de tipo mediterráneo, rentable tanto por su capacidad ponedora como por su interés cárnico. Sus huevos son de color crema rosáceo y pesan un mínimo de 50 gr. Sus gallos dan en la báscula algo más de tres kilos y las gallinas, poco más de dos.

Morfológicamente, el gallo tiene la cabeza grande y ancha. Su cara es lisa y de color rojo vivo; la cresta es sencilla, grande, derecha y con entre cinco y siete dientes bien definidos, perpendiculares a la curva de la cabeza, con el espolón pegado a la línea del cuello y de color rojo vivo.

Las barbillas son grandes y colgantes, con el borde inferior redondeado y de color rojo vivo. La orejillas son moderadamente alargadas, pegadas a la cara y de color blanco. En cuanto a los ojos, son redondos y proporcionados al rostro, con el iris castaño rojizo.

El pico es mediano, fuerte, curvado y de color amarillo. El cuello es robusto y de longitud mediana, con una esclavina abundante que descansa sobre la espalda.

El tronco es ancho, largo, bien desarrollado y ligeramente inclinado hacia atrás;  el dorso es ancho, está ligeramente inclinado desde el cuello hasta la hoces, pero con tendencia  la horizontalidad.

Tiene numerosos caireles que casi entran en contacto con la esclavina. El pecho es ancho, largo y robusto; la cola de tamaño mediano, con las timoneras anchas y superpuestas. Las hoces caudales, tienden a la verticalidad. En cuanto al abdomen es ancho, profundo y bien desarrollado.

Pasando a las extremidades, tiene las alas bien plegadas  y unidas al cuerpo, de anchura inferior a su longitud. Los muslos son fuertes y robustos, los tarsos, proporcionados al tamaño del ave, son lisos y de color amarillo. Tiene cuatro dedos fuertes, abiertos, derechos y de color amarillo.

La morfología de la gallina es en general la misma que la del gallo, pero guardando las proporciones propias de la hembras.

La cresta está algo caída hacia un lado. Las barbillas y las orejillas son redondeadas. La espalda es horizontal. La cola menos vertical que en el gallo, formando un ángulo de 45° respecto a la horizontal.

Hay dos variedades de color de pluma: la asalmonada y la plateada.

En el gallo de la variedad asalmonada, la cabeza y la esclavina son de color blanco crema, con un ligero flameado gris. El pecho es negro. Los hombros y el dorso tienen una mezcla de blanco crema con rojo. Los caireles son como la esclavina, pero con el flameado gris más reducido. El espejo del ala es blanco crema. La cola es negra con reflejo verdoso. Las coberteras grandes de las alas son negras con reflejo verde. Las remeras secundarias tienen las barbas internas de color negro grisáceo, y las externas son de color crema, casi blanco. Las remeras primarias son negras.

En la gallina de esta variedad, la cabeza y el cuello son asalmonados con flameado marrón oscuro, sin ser negro. El pecho y las plumas que cubren los muslos son de color blanco crema. El dorso y los hombros son de color salmón de tono uniforme en toda su extensión pero con un leve ribeteado más claro. Las coberteras de las alas son un poco más claras que el dorso. La cola también es asalmonada en su principio, pero con los extremos de las plumas timoneras más o menos oscuros, sin llegar a negros, formando frecuentemente un ribeteado.

En la variedad plateada, el gallo es similar al de la asalmonada, pero sin los tonos rojizos o marrones del dorso y de los caireles; es decir, blanco puro, con una esclavina muy blanca y el espejo del ala también blanco. La gallina tiene en la esclavina, el dorso y parte de las alas una coloración que puede variar entre el claro y el oscuro (blanco, crema, marrón claro), pero con briznas negras o grisáceas y, a veces, de color gris verdoso. El pecho, el vientre y la zona alrededor de la cloaca es crema casi blanco o blanco puro. La cola es negra.

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